sábado, 31 de agosto de 2019

SU BOCA ERA UN TACHÓN ROJO



Aquella chica que se esconde en su cabello, que posee una sonrisa (que parece una amenaza) y que se sienta siempre a mi lado donde yo esté, Rompió de repente en llanto luego de recibir una llamada, Su hermosa boca de luz roja se contrajo y su rostro se transformó en el puchero de un niño pequeño que no puede contener las lágrimas. Lloraba, pero no con ese llanto falso de novela de las tres de la tarde, no con el viejo truco de siempre, lloraba sinceramente y con todo el cuerpo: salió de allí envuelta en una nube negra, en un verdadero trance de tristeza. Pedí a los dioses de mi biblioteca que la consolaran, pero no dejé de preguntarme ¿qué le paso? ¿Qué penosa circunstancia le dio a su rostro lloroso aquel color rosa semejante al color falso que tienen las imágenes que adornan las fiestas infantiles de los niños pobres? ¿quizás tuvo un malentendido? ¿quizás lo que ella dijo no fue lo que el otro entendió? ¿atraparían a un familiar que andaba fugitivo? ¿o quizás le gritaron por celular que el alma no era otra cosa que una conjetura muy optimista? ¿O algún familiar apestado de lógica, con rigidez pedante y técnica le gritó aquella canción que no acaba nunca? O ¿la terminó el novio? ¿será que alguien se divirtió tanto con su cuerpo que el amor se convirtió en saciedad? ¿será que alguno de los héroes de su mitología interior hecho de oro, pero con pies de barro se derrumbó? O ¿alguien le recriminó haber sido ella misma...quizás demasiado? Quizás, quizás, quizás, No dejaba de preguntarme mil disparates.
Eran las 10 y 24 de la noche, Subí a la terraza oscura de mi casa a fumarme un cigarrillo y despejar mi mente.
 Sin querer metí la pata en un balde con agua y jabón que alguien había dejado allí
Con los tenis mojados, le escribí un mensaje al wasap:
-         Oe por que salió chillando?
-         Que sensible (me escribió con sarcasmo)
-         Un amigo mío se ahorcó, dijo lacónicamente
Pude ver el rafagazo, la imagen de un muerto pensativo pasando por mi mente
Pero Como se me pudo haber escapado, La misma, la misma hija de puta siempre,
fue la muerte y sus desolaciones.