miércoles, 29 de agosto de 2007

JOKORONGOLONGO



Me levanto en la mañana con una sensación inusual de bienestar, deseando enfrentarme a la ducha fría cuanto antes, deseaba bañarme con tantas ganas que me parecía del todo injusto que solo lo pudiera hacer una vez al día, pues los dueños del inquilinato en que vivía se molestaban si repetía la dosis, tuve sueños dulces, un tanto eréctiles, no mucho, pero si lo suficiente para despertarme de buen humor.

Hace frío aquí en Londres y cuando salgo a la calle todo me parece novedoso, los buses grandes, la misma tierra, las inglesas con su carencia de sentido común y labiales en cada bolsillo del abrigo. Inclusive me causa gracia la escasa maleza que surge entre los intersticios de cada loza de pavimento en estos andenes ingleses.

Voy caminando por una calle agradablemente nublada, me hallo contemplando las vitrinas y exhibidores que a cada lado se dibujan, tiendas de ropa de prestigiosos diseñadores que se repiten aquí como en Colombia: puestos para vender minutos de celular, barberías y salas de tatuaje. Me hallo agradablemente vestido con un abrigo muy cálido y cómodo, cuyo material desconocía, quizás por no pertenecer a la cotidianidad del tercer mundo que como dijo Jattin "viene a ser como el octavo", siento un aire frío, revitalizador que al Caminar voy tomando con avidez,

me sorprendo al recordar lo que me sacó con tanta urgencia a la calle... fue Alejandra, me voy a ver con ella, hace como cuatro años que no la veo, a Alejandra le había regalado mi peor poema, Alejandra fue mi novia siempre que se lo pedí, pero no pude soportar la carga de su inusitada personalidad, me besaba como si mordiera una guayaba, besaba con todo el cuerpo y eso me encantaba. recuerdo un día (mientras paseábamos) me contó una historia trágica, al respecto de una tía o prima que se hallaba agonizando, luego me dijo a secas: ¡me voy a Inglaterra!, ahora al cabo de cinco años había yo también venido a dar por estos lares, ella se dio cuenta llamándome a Pereira donde le contaron que también estaba en Londres y le dieron mi número de móvil, hoy tengo esa cita con ella… "a las diez, no me falles" me dijo por el teléfono, justo ahora son las ocho y media, tengo muy buen tiempo para llegar al pub donde me citó :"the hawley arms",

llegue treinta minutos antes de la cita, entré al bar, observé dos bellas mujeres asiáticas que se hallaban sorbiendo un tazón con una sustancia caliente y que se quedaron observándome por unos instantes, luego se comentarían algo y reirían, luego de sentarme las miraba furtiva pero insistentemente, admiraba sus brazos largos y delgados, miraba como se aferraban estos a unas clavículas particularmente estrechas, miraba sus piernas largas fundadas en bluyines descaderados que resaltaban la estrechez de sus caderas, calculaba que debían de medir algo más de uno ochenta, deberían ser modelos de alguna casa de diseñador, una de ellas me sorprendió mirándola y lejos de reaccionar mal o molestarse, me sonrió, mientras sostenía un tazón de bebida en la delgada y fina mano,  dijo algo en su idioma y al ver que yo no le comprendía, hizo un gesto donde daba a entender que quería acompañarme , yo le hice (claro) un gesto positivo mientras ella comentaba algo con su amiga, esta era de proporciones idénticas pero un tanto menos agraciada ,cuando se levantó para acompañarme llego Alejandra causando un gran estrépito, con una botella de vino en la mano, la chica asiática vió mi rostro y comprendió, se dirigió a su silla de nuevo, con expresión seria y sombría le dijo a su amiga algo así como "jokorongolongo" mientras que la otra con una mirada de rallar ladrillos, me vió a los ojos y apretó los labios, se levantaron y se fueron, todo en una fracción de segundo.

Realmente no lo lamenté, pues cuando ví a Alejandra se me olvido todo, tenía ese estereotipo núbil  y adolescente de siempre, sus brillantes ojos verdes posaban sobre mi mil besos y realmente si no lo veo no lo creo, parecía realmente más alta, como de uno ochenta, cuando en Colombia me llegaba escasamente al hombro, se aproximó, me besó inusitadamente pero exactamente de la forma como yo recordaba, cuando se apartó, me extendió su brazo con una botella de vino en la mano y un ramo de flores en la otra,  como era obvio me apresuré a recibir la botella, el ramo se le cayó, y ella se agachó a recoger el ramo, y vi como su pantalón descaderado revelaba para mí su ropa interior, era de encaje y color rosa,  esta visión definitivamente mejoró aún más mi esplendido día, ella captó el detalle y acercándose a mi oído dijo: "si te manejas bien veras muchas cosas más" me quede de piedra con su ademán furiosamente coqueto, la invite a sentarse, mientras ella hablaba y hablaba , yo me preocupe solo de detallarla, tenía el talle fino y su rostro era de una inmaculada blancura, sus ojos no eran del verde de siempre sino más lindos ,tenía el cabello más largo aun y su extremada delgadez le daba un aire de fragilidad, lo que notaba era que su personalidad había cambiado, ante mi tenía ahora: una mujer muy decidida, que sabe lo que quiere.
 sin titubeos me dijo "llévame a tu apartamento", flotando la llevé, con precaución abrí la puerta, pues sabía que al salir no había ni tendido ni la cama, pero oh sorpresa, todo estaba en su sitio y además fragante, no sé por qué, pero olía a sándalo, nos tumbamos en la cama y sin preámbulos, ni musarañas, ni zalamerías se fue desvistiendo, pude ver cuan largo era el recorrido que debían de tomar sus bluyines para desnudar sus dos bellas y largas piernas de marfil, luego se sentó en el borde de la cama, sonriéndome de soslayo, sostenía su mirada con la mía mientras liberaba sus largos y delgados brazos de una diminuta camiseta, sus ojos verdes se fijaron de pleno en mí y no pude comprender  ¿por qué a mí?, ¿porque a mí me estaba pasando esto?, ¿Por qué ella pudiendo tener un ricachón a sus pies, se empeñaba en darle el mejor día de su vida a este infeliz?, ¿porque su bello cuerpo pretendía ser esclavo de mis deseos?, llegando a este punto me pareció todo muy sospechoso , pero me deje llevar, se tumbó a mi lado, parecía que mi áspera y peluda piel sacaba chispas a aquella delicadeza, se trepo sobre mí, me miró y se fue acercando a besarme con sus brazos alrededor de mi cuello ...ahí fue cuando booooom, sentí la gotera de siempre en la cabecera de la cama, aquella gotera que caía siempre sobre mi como un látigo cuando menos lo esperaba, los truenos gritaban como burlándose de haberme despertado, me senté al borde de la cama, tomé conciencia , estaba en Colombia , en la mitad de mi carrera de derecho con el recuerdo latente de un profesor que se creía mi papa diciéndome "señor patiño muy mal su examen, me decepcionó 2.5 en contratos",

No tenía novia, estaba solo, despiadadamente solo; la gotera me recordó que debía correr la cama, la corrí, encendí un cigarrillo, me senté en el escritorio a escribir este relato, al lado mío estaba ese parcial con su flamante dos punto cinco burlándose de mí, preferiría seguir durmiendo, debía levantarme a trabajar a las cinco am en ese inmundo taller, donde seguramente de una manera u otra perdería más exámenes; malas noticias amigo, se acabó el cigarrillo y no tengo más, son las 3 y 45 de la mañana, no tengo sueño, tengo vencido el plazo para pagarle al banco la cuota de la universidad, me sentí mal…masturbarme no mejoraría nada, recordé el título de un libro de Charry Lara: la furia de los elementos, pensé en una cuerda que había comprado para ahorcarme, decidí no hacerlo, recordé la disyuntiva de Albert Camus frente al suicidio, ¿me suicido o me preparó un café?, hoy necesito más coraje para vivir que para colgarme pensé,  tenía mucho frío, puse mi cabeza sobre mis rodillas y decidí quedarme así, a ver qué pasaba.

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