jueves, 26 de junio de 2008

EL CARNERO

EL CARNERO
En cierta ocasión de mi vida trabajé como asesino de animales, era matarife y tenia un particular talento para hacerlo, se me daba muy bien, es decir, era veloz y eficiente en matar y destruir, entregando en pedazos consumibles y convenientes ((para que los carniceros se pudieran robar unos centavos en cada kilo de carne)) aquellos ejemplares que iban desde caballos carretilleros, búfalos, toretes, toros mañosos, toritos, chivos esquizofrénicos, vacas viejas con mucha sangre y carne dura, vaquitas mansas de tierra fría con el cuero gruesísimo y ubres llenas de leche, burros mordelones, caballos finos que perdían carreras, ovejitos llorones, ponis malignos, cerdos de mejor aspecto que yo, animales enfermos, incluso desenterrábamos animales donde los comisarios de sanidad los hacían enterrar para evitar todo riesgo biológico por ulcerosos o por tener enfermedades intratables, estos en particular dejaban un margen de ganancia altísimo ya que no costaba nada su adquisición, lo único que había que hacer era desenterrarlos y suprimir a cuchillo la parte mala, las llagas, las partes amoratadas o podridas y listo ¡a vender! Fue gracias a este oficio donde conocí lo que se sentía partir en rebanadas un órgano afectado de cáncer y créanme no seria nada agradable tener algo así en el cuerpo durmiendo con uno y creciendo cada día; todas, hasta la mas prestigiosa carnicería acudía a hacer un torcido de estos cuando las cosas iban un poco mal, con dos o tres animalitos así, se recuperaban un poco y volvían a ser carnicerías honradas.
Tenia yo un natural instinto para matar, una fuerza extraña parecía guiar mi cuchillo, apuñalando siempre en el lugar adecuado, arterias principales, órganos vitales, descabellaba bovinos y equinos grandes al instante, sacrificando estos animales fue donde me di cuenta de la gran similitud entre los animales y las gentes, es cierto que vivimos de modos diferentes, pero en la muerte ¡nos parecemos tanto!, solo que los animales hacen mucho menos ruido al morir, tanto hombres y animales tememos al acero frío cuando sabemos que es la hora, hay un rafagazo animal en los ojos de los hombres al matarlos y animal como nunca antes en los ojos de los animales.
En la plaza de ferias, en las fabricas de salchichón y chorizos al margen de la ley, en las fritanguerias, en los puestos de venta de gordana donde comían los vagabundos (incluido yo) y recicladores de costal en mano, en los mataderos clandestinos, me tenían inscrito en el hall de la fama, yo era un grande de la plaza de mercado.
Tenia mucho trabajo pues mi acero era solicitado cada vez mas, tenía la fama incierta de no hacer sufrir a los animales a la hora de matarlos, yo sinceramente lo dudo.
Humberto Patiño era un carnicero viejo que había hecho fortuna con el desentierro y sacrificio de animales enfermos, era avaro como una garrapata, sus cabellos entre-canos le daban una dignidad que francamente el viejo ijueputa no merecía, tenia una mano torcida fruto de su manía de robar manzana en la galería vieja, donde por robar se pagaba la multa de un machetazo…le decían “manoemica”.
Manoemica tenia sendas extensiones de tierra en una vereda conocida como el guayabo donde pastaban cerca de cuatrocientas cabezas de ganado, tenia una Toyota Carevaca, tenia una pistola glock que no se quitaba de encima nunca, tenia una hermana que no salía de casa jamás (los matarifes viejos juraban que era hermosa y que no salía por que tenia tres tetas) tenia además un French Poodle sarnoso, bravo como un piel roja sin filtro, y tenia también fama (grande como una catedral) de ser severo cacorro.
Cierto día estábamos yo y un colega reposando el almuerzo, mientras veíamos el noticiero en un viejo televisor de perillas cuya pantalla estaba manchada con mierdita de moscas, se podía intuir que los esfuerzos por limpiar las mierditas de allí no habían sido los mayores, parecía que se hubieran limitado a pasar un trapo seco sin mucho cuidado, logrando mejor un aspecto de penumbra en la pantalla; la mierda sobrevivía transformada… pero vivía, y allí estábamos respirando el aire denso que desprenden las cosas a las 12:30 PM cuando el sol esta en lo mas alto y nada ni nadie se le escapa, de repente irrumpe en nuestro campo visual el viejo manoemica y nos dice:
-quiuvo gonorreas
-que mas don Humberto -dijo mi amigo-
Yo no dije ni mierda
Oigan wevones necesito un consejito de ustedes jejeje, pero es que están muy mugrosos pa’ llevarlos en el carro a donde los necesito.
Entonces no nos lleve –contesté-
No mentiras -dijo manoemica conciliador- en verdad necesito que me acompañen les voy a mostrar algo que los va a dejar boquiabiertos.
Nos ira a mostrar las tetas de la hermana-pensé-
El viejo manoemica se paró como un resorte, y golpeándose la cabeza con una bolsa transparente llena de agua que había en la entrada del restaurante para espantar las moscas, nos dijo: “caminen pues que la cuenta de los almuerzos ya esta paga”, ante ese argumento nadie podía resistirse, miré a mi amigo, quien con el semblante adusto alzo los hombros, yo estuve de acuerdo con las palabras a las que ese gesto equivalían y entre al dialogo levantando también los míos.
Salimos tras el.
Entramos en la Toyota y me importo un culo ensuciarle su tapicería con mis harapos sangrosos y pestilentes a sebo de dos días mientras nos dirigíamos a su granja, al otro matarife le importaba menos la integridad del vehiculo ya que con la punta de un cuchillo acentuaba maquinalmente las costuras de la tapicería, sin romperlas del todo, pero definitivamente si debilitándolas para que se rompieran otro día, manoemica parecía no enterarse o no importarle, lo veía feliz embelesado en otros pensamientos, ya me generaba curiosidad el motivo de aquel silencio del viejo.
Faltando como veinte minutos para llegar manoemica dijo:
-que calor tan ijueputa
-esta es la hora en que ni las vacas colean –apunté-
-Bueno muchachos les voy a contar cual es la vuelta que los invite a dar, lo que pasa es que quiero que vean la cosa mas chimba que hayan visto en este negocio, mi hijo que vive en el Canadá me mandó un ternero de 7 meses, imagínense que este wevoncito se fue para una granja de experimentación genética con ganado de engorde y encargó un bicho que se adaptara a este clima y a nuestras costumbres, -se me escapo una sonrisa ante el detalle, miré a mi amigo quien seguía el ensueño de manoemica muy atento- pues resulta que mientras cruzaban el bicho, fueron 4 meses de experimentación mas 7 de crianza suman…(demorándose mas de lo justo) 11 meses de papeleo para poderlo sacar del país y no hablemos del papeleo en el aeropuerto y las paladas que se comieron los del aeropuerto matecaña para entregármelo, me demoré de las seis de la mañana a las diez pa’ que me lo entregaran ,pero hay esta ya en el corral vivito y coleando, ijueputa si valió la pena –dijo victorioso manoemica-
Llegamos a la granja.
Lo seguimos mientras el mayordomo de la finca exhibía toda clase de lambonerias y elogios para el nuevo ternero de manoemica, que ya comió, que ya bebió, que ya mugió, que suelta una boñiga admirable, que tal cosa, que tal otra, yo solo pensaba en verle la tercera teta a la hermana del viejo.
Llegamos al corral del ternero, era un rectángulo de veinte metros con todo lo necesario para un animal afortunado, había heno fresco, una paja calida se dejaba ver en todo el piso del rectángulo, los cuadrados de hierba prensada conformaban mullidos sillones adecuados para la anatomía del ganado, habían recipientes con agua miel, con agua fresca , con sal, todos los jaeces y artefactos de ganadería que aludían al ternero eran impecables, una claraboya dejaba entrar los rayos del sol que llegaban oblicuamente y daban al lugar una sensación de claridad de cuento de hadas, yo sinceramente ya esperaba que una maldita bandada de pajaritos se me posara en el hombro.
Manoemica silbó y el ternero se puso de pie, allí estaba, era un bello animal de ojos expresivos y cabeza pesada, frente ancha con un pelito crespo en la testa que sinceramente provocaba acariciar, su piel era del color del trigo maduro, pecho profundo, costillas arqueadas, la cruz amplia, lomo ancho y horizontal, nalgas gordas y espesas, era un animal envidiable, me anime frente a la imponencia del ternero y me relamí ante la posibilidad de matarlo algún día.
El otro matarife pregunto: ¿Qué raza es don Humberto?
-BLONDE D’AQUITAINE respondió en un dudoso acento colombo-francés de plaza de mercado.
Pero vengan, vengan maricas, entremos al corral para que lo vean de cerquita y eso si, para que rieguen la bola de que tengo este animalito jejeje.
Manoemica abrió la reja y entramos al rectángulo definitivamente se estaba bien allí, todo era cómodo y mullido, nos acercamos al manso animal y mientras manoemica lo acariciaba y se fijaba en toda clase de detalles de su pelaje y piel, desvariaba embriagado de poder diciendo cosas tales como:
· Voy a mejorar la ganadería de este país.
· No le voy a prestar este ternero a nadie, así me rueguen
· Si alguno quiere que monte sus vaquitas le va a costar un ojo de la cara.
· Con este si me voy a tapar de plata ijueputa
-Cuanto pesa don Humberto -preguntó mi amigo-
-Imagínate wevon que con 7 meses ya pesa 196 kilos, va a ser una mole este animalito
Mientras tanto me empecé a fijar en el entorno y fue cuando noté al fondo del rectángulo dentro del corral de “Rubén” (pues así habían bautizado al ternero) un carnero, flaco, con una severa e imprecisa enfermedad en la piel, la cola mocha, tenia además una mirada de profundo rencor, resoplaba, y pateaba el piso.
Hey Humberto ¿y ese quien es? –Señale al carnero con mi quijada, sacando del ensueño a manoemica-
Ese es Lolo el carnero de mi hermana, el que era dueño de este corral antes de que llegara Rubencho. Esta inquieto porque está en celo con unas chivitas que tengo afuera pastando, dan buena leche, pero este no da sino problemas, ahorita va a pasar a mejor vida, hay lo tengo junto a Rubén un momentito, pero ahorita me lo pelás ¿si?
Como no – le dije-
En ese momento Rubén bramo y bufo mirando hacia el carnero
Don Humberto por que no saca a ese carnero de una vez, que esta como inquieto –dijo mi amigo-
¿Están nerviositos? –Dijo manoemica-
Uno no nace nervioso Humberto se vuelve así, yo he visto muchos casos con estos animalitos y uno no sabe, además ese chivo…esta en celo, le dije.
Jojojojejejejajaja ve, que wevones tan miedosos, caminen mejor dejen de pensar wevonadas -dijo Humberto- y vamos a rebuscarnos un tintico y luego me matas al carnero, pero por ahora dejémoslo hay. Junto a Rubén.
Manoemica cerró la reja del rectángulo y puso dos candadotes cuyas copias solo poseían el y el mayordomo.
Empezamos a caminar, dimos unos cuantos pasos, el otro matarife no le quitaba los ojos de encima al ternero y sucedió lo inevitable
Le pregunte a manoemica ¿oe Humberto cuanto nos vas a pagar por la matada del carnero?
La pregunta lo tomo por sorpresa, se quedo mirándome hasta que se puso a reír
Jjajajajejejejojojo, hombre hoy estoy de buen genio les voy a pagar bien, les voy a dar …..
Jueputaaaa -gritó mi amigo-
Volvimos a mirar y el carnero despues de totiar la cabuya se dirigía como una bala hacia el ternero, el ternero se asentó sólido sobre sus patas y bajo la frente como desafiando el golpe de aquel carnero viejo, el carnero dos metros antes del golpe saltó, y en el aire juntó las patas delanteras con las traseras, formando un triangulo perfecto coronado con su magnifica cornamenta…el golpe fue brutal y seco…todos habíamos olvidado que lo peor del carnero estaba en su cabeza, no en su aspecto o piel y esta estaba intacta, altiva y en celo.
Manoemica forcejeaba tembloroso con los candados llamando a gritos a mucha gente, gente que no estaba allí.
Seguí mirando al ternero que se sostuvo dos minutos y luego se desplomó, el carnero volvió a su rincón saltando enardecido pidiendo mas batalla, como si protestara por la debilidad de Rubén.
Manoemica al fin abrió los candados, entro al rectángulo, y como esperando encontrarse adentro del rectángulo con una versión diferente de los hechos que había observado por fuera de la reja, lloró con un llanto inexperto, no con ese hipo barato de las telenovelas sino con el grito terrible de un naufrago que pierde su tabla, como el llanto de un limón cuando lo oprimen con mas fuerza de la que puede soportar y se rompe en lagrimas.
Lo vi sacar su pistola glock y asestar al carnero 4 tiros calibre 9 milímetros., me miró y yo comprendí, acabé de sacrificar al ternero que vivía aún.
Cuando fui a desollar el carnero no comprendí por que lloré, ¿por que? de repente me interesaría tanto contemplar vivo una vez mas a ese carnero sarnoso en una verde pradera apareándose a gusto con sus cuatro chivitas después de haberle partido la cabeza en cuatro cascos a la “ultima coca cola del desierto, miré sus astas y vi Que tres de las balas que manoemica disparó, no habían podido atravesar las astas del carnero y solo una fue letal, mire sus ojos llenos con la penumbra de aquel establo, y recordé las palabras de un filosofo que me habían presentado en la escuela, miguel de Unamuno “o se vive o se comprende” y sin querer me corté un dedo.
GEOVANNY PATIÑO

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